La ganadora del PAT 2021 es una propuesta que honra la singularidad de los textos transgenéricos en una época donde las fronteras entre géneros parecen diluirse
POR: Fundación para la Cultura Urbana
Una novela no solo se construye con palabras. También se hace de silencios, de esos espacios (o lugares dentro del texto) en los que parece no haber nada. En esos silencios no son las palabras sino las imágenes las que narran y van articulando un decir por debajo del caudal del lenguaje, que le va dando al lector una experiencia donde el juego de la interpretación y el descubrimiento se apropian del oficio de la lectura.
Pero también se sabe que una novela no es un género preciso, muta dentro de sí constantemente en sus formas y maneras de narrar, no se ata a la tradición y fácilmente puede vestirse de una estructura epistolar, una secuencia de guion o un conjunto de poemas que cuentan una historia, como la ganadora del Premio Anual Transgenérico 2021, Tres novelitas invisibles, del escritor argentino Fidel Maguna.
La novela, construida en tres partes (que bien pueden ser tres voces poéticas distintas), es un salto a la memoria y a la melancolía de los años de juventud de un grupo de artistas de provincia, marcados por la violencia, la enfermedad, el amor y el duelo, contada en poemas que nos dan una escena, una posición vital dentro de la historia para que luego el lector construya su hilo narrativo desde la intuición.

La novela, ilusoria en su unidad de sentido (como diría Piglia), va contando a pedazos ese dolor que ha dejado el tiempo. Pero a medida que avanza es atravesada por la lucidez de una voz, la de la poeta Jazmín Herrera, que la vemos como una mujer en constante tensión con la literatura y su mundo, convirtiéndose así en un faro que señala hacia dónde debe ir el vivir poético de un artista, aunque este vivir no siempre sea el mejor.
En su núcleo, profundiza sobre la dureza y la crudeza que significa para un artista construir una obra, sus frustraciones ante el desasosiego de la palabra, y ese volver a empezar, como un Sísifo consciente de su roca y su destino, de su perseverancia. Pero que, más allá de esta evidencia, se interesa mucho más, como bien dice la misma, «de la importancia de la luz sobre la sombra», a pesar de que siempre llevemos algo más pesado que nosotros.
Si bien esta es una novela sobre la memoria, también lo es sobre la necesidad de no olvidar, de marcar a pulso y tinta lo vivido, aunque duela, aunque escribir solo sirva para eso, aunque en el fondo no sirva para nada. Ya lo dice la voz poética: «Pero yo no olvidaré, porque escribo. / estas anotaciones de fantasma, sí, estos restos de una novela que no muestro». Entonces una novela parece ser una buena excusa para enfrentar el olvido y aferrarnos a las palabras para que nada nunca vuelva a ser invisible.
Fundación para la Cultura Urbana
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