El escritor Fedosy Santaella hace una reseña sobre la antología poética «Que el río responda», publicado por la editorial Visor junto con la Fundación para la Cultura Urbana
POR: Fedosy Santaella
Creo que cuando uno lee poesía verdadera, encuentra en ella el poderoso rumor de un movimiento incesante, de una corriente donde todo se encuentra, donde las cosas del mundo se funden unas en las otras, se vacían de sí y el mismo tiempo se llenan de todo. Esa es la sensación que siempre me dejan los poemas de Carmen Verde Arocha, poeta venezolana que viene nutriéndose y nutriendo la poesía desde 1994, cuando contaba, si no me equivoco, con veintisiete años. A la fecha, ya cuenta con seis magníficos libros de poemas que no han pasado bajo la mesa: Magdalena en Ginebra (1997), Cuira (1997), Amentia (1999), Mieles (2008), En el jardín de Kori (2015) y Canción gótica (2017). Estamos ante un trabajo que va para tres décadas de elaboración, maduro y siempre en crecimiento, pero también lleno de constantes valiosas que atañen a la esencia de la poeta, a su poética.
Los versos de Carmen son mujer, río, cuerpo, ciudad, campo, mundo abierto; en ellos podemos encontrar en perfecta armonía lo sagrado, lo numinoso, la magia, lo onírico, lo erótico, el amor, lo caribeño y lo universal. La memoria en sus palabras es un presente vivo, y ese presente a su vez se transforma en una lectura del futuro. Porque todo reencuentro con un gran poeta nos descubre algo que nos habíamos pensado o sentido, porque su letra no está muerta, sino en permanente transfiguración dentro de sus lectores. Así, la poesía de Carmen Verde Arocha se abre ante sus lectores como un agua de río que deja huellas. Cada poema suyo es un guijarro de luz que ilumina la existencia desde su fondo.
Ahora su obra, merecidamente, llega a España por medio del convenio de coedición entre la Fundación para la Cultura Urbana (Venezuela), y la editorial española Visor. Gracias a ellos, se nos presenta esta antología que se titula Que el río responda (2025). Ahí están, en ese apropiado título, y tal como he dicho, el movimiento y las voces secretas de las cosas, del mundo.
Estamos, lo sabemos desde hace buen tiempo, ante una poeta venezolana extraordinaria, con obra, con trabajo pausado y medido, y que nos representa magníficamente fuera de nuestras fronteras. Esos ríos del monte, ese ríos de cuerpo y de la magia, ese cauce sensual de certeros susurros, llegan a España para hacerle un espacio más a la literatura venezolana. Bien por Carmen, bien por nuestra poesía.







