El pasado 28 de noviembre, durante el acto que celebró el día de Andrés Bello, la UCAB y los organizadores de la FLOC rindieron tributo a la Fundación para la Cultura Urbana, a propósito de nuestro 25 aniversario. Compartimos las palabras que ofreció el escritor Oscar Marcano.
POR: Oscar Marcano
La idea de propósito en la empresa es mucho más que un eslogan o una estrategia de marketing. La idea de propósito está directamente asociada al concepto de ciudadanía, la cual se funda en cuatro pilares claves e innegociables:
- El pilar de los derechos económicos: el ciudadano debe tener la libertad de emprender. Si no está en sus posibilidades, el estatuto de ciudadanía debe garantizarle su derecho al trabajo, a un salario digno y a un decoroso nivel de subsistencia.
- El pilar político: el ciudadano tiene la potestad de elegir a sus representantes en elecciones libres, democráticas y transparentes.
- Le sigue el pilar social: el ciudadano cabal tiene derecho a la alimentación, a la salud, la educación, la seguridad, la movilidad, a los servicios públicos.
- Y cuarto, los derechos culturales. Los que se desprenden de la facultad de compartir una historia y una lengua común, las cuales son la base de un patrimonio que es conocimiento compartido, y que comprende la memoria histórica, la literatura, la música, las artes en general.
La dimensión de la ciudadanía afirma la conciencia de que se vive en sociedad. De que todos necesitamos de todos. Y ese marco de relaciones exige un valor: el respeto.

El escritor, y amigo de la FCU, Oscar Marcano, pronunció unas palabras sobre la historia y la labor de la FCU, durante el acto de homenaje a nuestra institución. Fotografía: Manuel Sardá (cortesía de la UCAB).
Es por ello que nos encontramos hoy acá, conmemorando la vigésima quinta anualidad de la Fundación para la Cultura Urbana. Un hecho que certifica una trayectoria programática sostenida, en el contexto de una de las coyunturas históricas más desafiantes para la institucionalidad venezolana. Celebrar 25 años es celebrar la persistencia del rigor ciudadano frente a la fragmentación social.
En el periodo que va desde su fundación hasta el presente, nuestro acontecer ha estado marcado por profundas afectaciones sociopolíticas, económicas y demográficas. En ese marco, la Fundación se erigió como un eje articulador de reconstrucción de ese tejido: una tarea que, en tiempos como los que vivimos, se vuelve imperativo ético.
La génesis de la FCU, en mayo de 2001, fue producto de una visión estratégica poco común. Con la certeza de que la ciudadanía es la categoría más alta de la cultura occidental, sus fundadores, liderados por Herman Sifontes Tovar —al frente entonces de la recordada Econoinvest, que llegó a ser la casa de bolsa líder del mercado—, impulsaron la vía de la democratización del capital, para que el venezolano de a pie pudiera saltarse las arcaicas y estériles cuentas de ahorro y fórmulas aledañas, para lograr así el acceso al mercado de capitales, con la épica visión de que en el largo plazo pudiera incrementar su patrimonio, contar con una mejor condición económica y aspirar a una vejez digna.
Como consecuencia de la prospectiva de estos hombres, nace la Fundación. Nace el propósito de la Fundación. Una entidad que desde el principio vio la cultura no como el clásico y yermo programa filantrópico, sino como un vector de desarrollo fundamental, con hallazgos e impacto en el pilar cultural de la ciudadanía, y con este en el de la sociedad.
El mandato, ejecutado inicialmente, fue preciso: investigar la ciudad, los fenómenos culturales que en ella se generaban y estimular un debate plural para la formación integral.

Entrega del reconocimiento a la FCU, en su 25 aniversario. Fotografía: Manuel Sardá (cortesía de la UCAB).
La elección del espacio urbano como eje temático de partida fue brillante. La ciudad es el teatro de la coexistencia social y el termómetro de la evolución y de las crisis. Durante la primera década, la FCU se concentró en dos campos de acción vitales:
- La gestión urbana crítica: La Fundación operó como un hub de conocimiento transnacional. No se limitó a teorizar, sino que aportó, para la reflexión, modelos de praxis exitosa. La visita de figuras como el urbanista Oriol Bohigas, o de exalcaldes y expertos extranjeros con obra transformadora, fue una acción deliberada para confrontar los dilemas locales con opciones de gobernanza. Temas como la planificación urbana, la movilidad y el espacio público fueron elevados de la esfera técnica a la discusión cívica.
- La canonización y divulgación: Simultáneamente, se consolidó la plataforma editorial y el Premio Anual Transgenérico (hoy en su edición 25), un galardón que es pieza clave de la institucionalidad cultural, pues su perseverancia en la evaluación y distinción de obra inédita ha asegurado la renovación y el registro del pensamiento nacional. La Cátedra de Imágenes Urbanas y las conferencias con figuras como Fernando Savater, o los talleres con la FNPI, fortalecieron un ecosistema de alta exigencia intelectual.
En esa primera fase, la Fundación fue un ente promotor de la mejor praxis, una fuerza centrípeta que buscaba ordenar la discusión sobre el futuro del país.

Marcelino Bisbal, director de Abediciones y de la FLOC UCAB, hizo la entrega del reconocimiento a la FCU. Fotografía: Manuel Sardá (cortesía de la UCAB).
La etapa que se inicia alrededor de 2010, somete a prueba la solidez del proyecto. La intensificación de la crisis sistémica afectó directamente a las estructuras de patrocinio, generando una reducción en la actividad y sembrando la incertidumbre sobre la continuidad de la FCU.
Es aquí donde emerge la lección más profunda de estos 25 años: la Fundación fue salvada por la comunidad ciudadana que ella misma había cultivado.
La reacción espontánea de casi 900 figuras claves del sector cultural, liderada por Andrés Boersner, quien fue su presidente en su peor momento, cuando el 70 % de la directiva del grupo de empresas Econoinvest se hallaba privado de libertad, con voces como la de Rafael Cadenas, su presidente vitalicio, junto a Joaquín Marta Sosa, y un sinfín de nombres, escritores, músicos, pintores, arquitectos, docentes, dentro y fuera del país, constituyó un acto de resistencia intelectual sin precedentes.

Rafael Cadenas, presidente vitalicio de la FCU, estuvo en el evento. Fotografía: Manuel Sardá (cortesía de la UCAB).
Este esfuerzo colectivo no buscó un beneficio particular; buscó preservar el patrimonio inmaterial de la institucionalidad. La Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana se convirtió en el custodio de su promesa de valor, asegurando la continuidad programática y la convocatoria ininterrumpida de sus numerosas actividades.
Este episodio demuestra que la labor cultural rigurosa no es un factor periférico, sino un activo estratégico de la sociedad.
En la actualidad, bajo la conducción de nuestro amigo, el historiador Elías Pino Iturrieta, la Fundación ha reajustado su programa de acción a las nuevas realidades, manteniendo su firme vocación de servicio.
El proyecto más ambicioso de esta etapa es la revisión transdisciplinaria del siglo XX venezolano. Este no es un proyecto historiográfico meramente retrospectivo; es una herramienta analítica de urgencia. Ante la fragmentación del presente, la FCU está reuniendo a investigadores para rearticular la narrativa histórica y la autocomprensión nacional.
Al abarcar todos los ámbitos de la vida del país —desde 1900 hasta el año 2000— busca proveer a la sociedad de un diagnóstico integral para orientar el debate sobre nuestro futuro como nación.
La estrategia se complementa con la adaptación al ecosistema digital. Las Conferencias FCU, que existían de modo presencial y que ahora cumplen su quinto aniversario en el área digital, ejemplifican la expansión del alcance académico. Han trascendido la limitación física para llevar el conocimiento de economía, geopolítica, tecnología, literatura, etc., de manera bimodal y gratuita a un público masivo, cumpliendo la esencia de la divulgación transdisciplinaria.
Finalmente, las alianzas estratégicas con La Poeteca, la UCAB, la UCV y la editorial Visor de España, entre otras instituciones, reafirman el rol de la Fundación como núcleo gravitacional que propicia la difusión de la excelencia poética y la sinergia cognitiva en un entorno de recursos escasos.
Estos 25 años de la Fundación para la Cultura Urbana son la crónica de una idea que se niega a perecer. La FCU nos ha demostrado que la cultura urbana es, en el fondo, la cultura de la civilidad; es el debate sobre cómo coexistir y cómo gestionar nuestra polis.

De izquierda a derecha: Marcelino Bisbal, Diajanida Hernández, Oscar Marcano y Elías Pino Iturrieta. Fotografía: Manuel Sardá (cortesía de la UCAB).
El verdadero valor de la Fundación reside en su perdurabilidad programática. En un contexto donde la fragilidad es la norma, mantener plataformas de alta exigencia, de crítica y de formación, es un desvelo fundamental de resistencia cívica y preservación institucional.
Honramos, pues, no sólo el pasado de la FCU, sino el presente continuo de su compromiso con la concepción de ciudadanía, con la razón y el futuro.
A todos sus colaboradores, a su directiva, a su alma motora, Herman Sifontes, y a la comunidad que le da vida, nuestro agradecimiento desde las gradas, por sostener ese faro de pensamiento en tiempos tan oscuros, resaltando el hecho de que, habiendo empresas con propósito, la Fundación para la Cultura Urbana subsiste como propósito aun sin empresa.







