Este ensayo incluido en el capítulo «Inserción de las mujeres en la sociedad», de la historiadora Inés Quintero, forma parte del libro La sociedad en el siglo XX venezolano, publicado por la Fundación de la Cultura Urbana
POR: Inés Quintero
Durante la segunda mitad del siglo XIX y hasta las primeras décadas de la siguiente centuria, fueron muchas las mujeres que se dieron a la tarea de constituir asociaciones culturales, promover proyectos editoriales, se dedicaron a la creación literaria o fundaron asociaciones benéficas con distintos fines. La gran mayoría de estas actividades, si bien favoreció la instauración y aceptación de nuevos espacios de actuación, no tuvo como propósito alterar o introducir modificaciones acerca de la función que les correspondía ocupar en la sociedad como esposas y madres².
Esta orientación comienza a modificarse en el contexto de los sucesos de la Semana del Estudiante en 1928, en los cuales no solo participaron numerosas venezolanas sino que, además, un grupo de ellas fundó la Sociedad Patriótica de Mujeres con la finalidad de sumarse a las denuncias que se hicieron contra la dictadura de Juan Vicente Gómez y apoyar a los jóvenes que fueron conducidos a prisión. No estuvo planteado en esa oportunidad ningún tipo de consideraciones o de demandas relacionadas con su situación o con sus espacios de actuación, no obstante, lo que representó su presencia en las calles y su incorporación como protagonistas de una protesta política urbana y civil contra la dictadura, tuvieron especial significación histórica porque fueron una absoluta novedad³.
Diferente contenido y proyección tienen las iniciativas que se llevan a cabo a partir de 1935, cuando surgen las primeras agrupaciones femeninas que se movilizan para modificar la situación en la cual se encontraban las venezolanas, a fin de lograr la transformación perdurable de sus condiciones de vida en su educación, espacios de trabajo y en materia de derechos civiles y políticos.
En octubre de 1935 se funda la Agrupación Cultural Femenina (ACF). Entre sus creadoras estaban Carmen Clemente Travieso, Imelda Campos, María Cristina Hernández y Josefina Juliac de Palacios. Poco tiempo después, se publica en la prensa el programa que guiaría sus acciones: lucha abierta contra el analfabetismo, organización de escuelas y agremiación de las obreras, promoción de charlas para levantar el nivel cultural de la mujer, fomentar la creación de nuevos centros análogos a la ACF, fundar una biblioteca circulante, organizar un primer congreso venezolano⁴.
Ese año, en diciembre, un grupo de mujeres le dirige una carta pública al presidente Eleazar López Contreras en la que exponen algunos de los más importantes problemas que afectaban la situación de la familia venezolana. El documento incluye una larga lista de demandas a favor de las madres y los niños: aboga por el bienestar y el mejoramiento de la salud infantil, por la formación de las mamás mediante la realización de cursos de puericultura y de educación sexual, por la protección social de las trabajadoras y por la creación de casas laicas para el cuidado de las jóvenes desvalidas, entre otras peticiones que fundamentalmente buscaban la protección y asistencia social de la familia. La misiva tiene más de 100 firmas recogidas en Caracas, San Cristóbal, Maracaibo, Barquisimeto, Calabozo, Cagua y San Fernando de Apure⁵.
Producto de esta iniciativa se constituye, en febrero de 1936, la Asociación Venezolana de Mujeres, fundada por Ada Pérez de Boccalandro, Luisa del Valle Silva, Leticia M. de Nouel, Irma De Sola Ricardo y Panchita Soublette Saluzzo. El propósito era unir esfuerzos que permitieran darle continuidad a las luchas por mejorar las condiciones de vida de las madres y los niños.
Además de estas dos agrupaciones, se constituyeron la Asociación Cultural Interamericana (1936), la Asociación por el Mejoramiento de la Madre y del Niño (1936), la Sociedad Protectora de la Infancia (1937) y la Asociación Cristiana Venezolana de Mujeres Trabajadoras (1937).
En los años siguientes, estas organizaciones mantienen y amplían sus actividades y propósitos. En 1937 solicitan ante los miembros de la Comisión Codificadora Nacional una serie de reformas que permitan mejorar la condición de la mujer venezolana ante la ley. Entre las peticiones que presentan se encuentran: la protección, respeto y consideración mutua entre los cónyuges, en vez de la obediencia de la mujer al marido; la libre administración de los bienes matrimoniales o adquiridos; que la mujer pueda comparecer en juicios, por sí misma o por medio de un apoderado; establecer como causal del divorcio el adulterio de cualquiera de los cónyuges; simplificar el trámite del divorcio y aumentar las causales de este, incluyendo la incompatibilidad de caracteres y que la venezolana casada no figure entre los inhábiles, menores y entredichos⁶. La demanda es atendida tímidamente en 1942 con la reforma del Código Civil en la cual se aprueba su independencia jurídica respecto a su cónyuge y se amplían las causales de divorcio.
En 1940 se realiza la primera reunión preparatoria del I Congreso Venezolano de Mujeres. La agenda incluye: exigir igual salario por igual trabajo, reformar todas las leyes y códigos que colocan a la mujer en situación de inferioridad al hombre, el derecho al voto y la lucha contra la discriminación de hijos legítimos e ilegítimos, entre otros temas.
En 1943 se envía a los miembros del Congreso Nacional una carta solicitando la aprobación del voto para las venezolanas y se realiza una intensa campaña en defensa de sus derechos políticos. Al año siguiente, se reitera la solicitud ante el Poder Legislativo a fin de que la mujer pueda cumplir con su doble función de madre y ciudadana, y se argumenta que mientras no se reconozca la igualdad política entre los dos sexos, no se logrará estabilizar y consolidar la democracia. La ocasión resulta oportuna para celebrar, por primera vez, el Día Internacional de la Mujer, y hacer un llamado a objeto de constituir un frente único por la conquista de sus derechos políticos y por su incorporación activa al desarrollo del país.
La lucha a favor del sufragio se mantiene en los años siguientes. Se constituye el Comité Pro Sufragio Femenino, y se lleva cabo una gran campaña de alcance nacional cuyo propósito es concientizar a las mujeres sobre la importancia que reviste adquirir masivamente el disfrute de sus derechos políticos para el efectivo ejercicio democrático. Con la sanción del voto universal, directo y secreto, en 1946, se integran plenamente al ejercicio de la ciudadanía y, por vez primera, son elegidas como diputadas en la Asamblea Nacional Constituyente de 1947⁷.
El surgimiento y consolidación de las organizaciones femeninas, así como la ampliación de sus actividades y propósitos, constituyen un cambio de entidad en la sociedad venezolana, no solamente porque representan el inicio de una acción organizada, colectiva, que por primera vez plantea las condiciones de vida de las mujeres como un problema que debe ser atendido de manera específica y al que es necesario dar respuestas, sino porque desde entonces es una práctica que se sostiene, se multiplica y se institucionaliza como un espacio para la atención, la protección, el estudio y la resolución de los diversos aspectos que se encuentran asociados a sus problemáticas en los más diversos ámbitos: desempeño laboral, oportunidades de estudio, protección legal, igualdad de derechos, y muchos más, todo lo cual se inserta y forma parte del proceso de transformación que tiene lugar en Venezuela, en esta primera mitad del siglo XX, que se intensifica y profundiza en las décadas siguientes.
Otro aspecto que se desprende de la actividad desplegada por el movimiento de mujeres es la modificación en el contenido del discurso: el acento deja de estar colocado en la enumeración y reiteración de la lista de virtudes que deben acompañar el comportamiento femenino, y tampoco está ya presente el llamado a que se mantengan ocupadas exclusivamente en los asuntos domésticos, dentro de sus casas. Se comienza a difundir y a defender un modelo de mujer que, sin negar su condición de pilar esencial de la familia como madre y esposa, pueda desempeñarse en el espacio público, formarse, ejercer sus derechos civiles y políticos, trabajar de manera digna e incorporarse activamente en la modernización del país para que de esta manera pueda colocarse «al nivel del progreso actual y contribuir a la obra colectiva de mejoramiento social». Así queda expresado en los documentos por la reforma del Código Civil, en la campaña a favor del voto y en los numerosos artículos que se publican en los medios impresos para promover y defender sus exigencias. De acuerdo con la orientación y propósitos del discurso que se difunde desde las organizaciones femeninas, la magnitud e importancia de los cambios que estaban ocurriendo en la sociedad venezolana no podían realizarse de manera cabal sin su presencia.
Las exigencias de las organizaciones femeninas aumentan, se profundizan y se problematizan en las décadas siguientes. Las mujeres empiezan una actividad militante en los partidos políticos, en las organizaciones sindicales y gremiales; se crea la Federación Venezolana de Abogadas; continúan las acciones para ampliar la reforma del código y promover la redacción de nuevas leyes. Al mismo tiempo, como se verá más adelante, es cada vez más significativa y numerosa su incorporación al sistema educativo, al mercado laboral y a distintos ámbitos de la vida económica.
Fue muy importante en la expansión y diversificación del movimiento de mujeres el surgimiento en nuestro país de los grupos que por primera vez se calificaron como feministas. Al primero de ellos, el Movimiento para la Liberación de la Mujer, fundado en 1969, le siguen Mujeres Socialistas, Liga de Mujeres y Movimiento Nacional de Mujeres (1972). En los años siguientes se fundan el Movimiento hacia la Nueva Mujer, y las agrupaciones Persona, Miércoles, La Conjura y La Mala Vida; el Movimiento de Mujeres de Mérida; el 8 de Marzo, en Maracay, y otros que hacen vida en Maracaibo, Trujillo y San Cristóbal.
El modelo de mujer que se promueve desde estos distintos colectivos está inspirado en los movimientos feministas y de liberación sexual de la década de los sesenta. Entre los postulados centrales del feminismo que se difunden en Venezuela están denunciar la discriminación por razones de sexo, cuestionar los valores que sostienen a la sociedad patriarcal, luchar por la necesaria igualdad de derechos de hombres y mujeres, trabajar por la concientización y movilización para sumarlas masivamente a la lucha por sus derechos, la necesidad de elaborar una nueva teoría de la opresión femenina, impulsar la eliminación de las leyes que consagran la desigualdad, eliminar de los textos escolares su desvalorización y la reproducción del modelo de sumisión y sujeción femeninas, así como defender su opción por el libre disfrute de su sexualidad, el control de la natalidad y el uso de las píldoras anticonceptivas. Se condena asimismo su utilización como objeto sexual y se promueve la legalización del aborto.
Lo fundamental del discurso y de la acción de los grupos feministas se asocia a la ruptura sustantiva que representan sus planteamientos y demandas respecto a las exigencias y las acciones adelantadas en el pasado por las distintas organizaciones que los precedieron. En este caso no se trata solamente de exigir el reconocimiento de sus derechos civiles y políticos, de lograr la atención y el mejoramiento social de la familia o de satisfacer las demandas de las trabajadoras, sino de propiciar un cambio profundo de la sociedad que permita la igualdad plena de derechos y deberes entre hombres y mujeres, en el espacio público y privado, y modificar a largo plazo las prácticas sociales y culturales que han determinado el lugar y los roles de cada uno en razón de su sexo⁸.
Se trata, sin duda, de un movimiento que trasciende las particularidades de cada Estado y que se expresa en Occidente de las más diversas maneras. Una expresión clara del impacto e incidencia del discurso y las agendas feministas a nivel mundial fue la declaración del Año Internacional de la Mujer por las Naciones Unidas en 1975, lo cual va a tener un significativo efecto en la multiplicación de propuestas, organizaciones e instituciones en un importante número de países miembros de ese órgano.
En Venezuela, desde la década de los setenta y como una acción conjunta de distintas organizaciones, se promueve que desde el Estado se atiendan y se den respuestas a las demandas femeninas por la igualdad y el reconocimiento de sus derechos. En 1974 se logra la creación de la Comisión Femenina Asesora de la Presidencia. Al año siguiente se reúne finalmente el I Congreso Venezolano de Mujeres, y se discute una completa agenda de diagnósticos y propuestas planteadas en mesas de trabajo referidas a la situación jurídica y a la condición social de las venezolanas, así como sobre su inserción en el desarrollo y en el plano internacional. Entre las resoluciones de este primer encuentro estuvo la de promover otra reforma del Código Civil, objetivo que se logró en 1982. En este nuevo instrumento se consagra la igualdad jurídica de los esposos, la de padre y madre respecto a los hijos y la de los hijos.
La atención desde el Estado de los problemas concernientes a las mujeres no se interrumpe. En 1979, se crea el Ministerio para la Participación de la Mujer en el Desarrollo; en 1984, este deja de ser ministerio y se convierte en la Oficina de la Mujer y la Familia adscrita al Ministerio de la Juventud y, posteriormente, al Ministerio de la Familia. En 1989, se crea el Ministerio de Estado para la Promoción de la Mujer hasta que en 1992 es sustituido por el Consejo Nacional de la Mujer, adscrito al Poder Ejecutivo con el propósito de lograr la igualdad de hecho y de derecho entre hombres y mujeres. Antes de finalizar el siglo se aprueba el Plan Nacional de la Mujer (1998-2003) y en el año 2000 se funda el Instituto Nacional de la Mujer. También durante estas dos últimas décadas se sanciona un conjunto de leyes dirigido, precisamente, a promover la igualdad de derechos y oportunidades para las mujeres en el campo laboral, en la política, en la vida familiar y con el objeto de erradicar la violencia contra la mujer; también la Constitución sancionada en 1999 incluye una serie de artículos que le otorgan rango constitucional a la reforma del código de 1982⁹.
Muchas de las activistas de las organizaciones de mujeres y de los grupos feministas, en su gran mayoría profesionales universitarias, propiciaron la creación de espacios para la promoción, la discusión y el estudio de la situación de las mujeres en Venezuela. La categoría de género se incorporó para la conceptualización y el análisis de las desigualdades entre hombres y mujeres, y no solo como una construcción social, sino también en las maneras de representar los roles femeninos y masculinos en la sociedad¹⁰. En 1992 se constituye la Red Universitaria de Estudios de la Mujer y se crea, en la Universidad Central de Venezuela, el Centro de Estudios de la Mujer, el cual mantiene la Revista de Estudios de la Mujer desde 1996, y a partir de 2002 se comienza a impartir la Maestría en Estudios de la Mujer. En la Universidad del Zulia existe, desde 1994, el Área de Estudios de Género, y en la Universidad de los Andes el Grupo de Investigación de Género y Sexualidad, que data de 1997. Todo ello ha favorecido una amplia producción bibliográfica que ha enriquecido el conocimiento de la compleja y diversa situación de las mujeres en la realidad venezolana.
No ha habido interrupciones en la organización y movilización femenina, ni tampoco en la profundización y ampliación de sus demandas a fin de lograr su incorporación en todos los ámbitos de la sociedad, tanto públicos como privados, en condiciones de plena igualdad. Este sostenido esfuerzo se expresa en su masiva inserción en los diferentes niveles del sistema educativo, aspecto que tendrá un peso decisivo en su desempeño profesional y también en los variados y múltiples espacios de socialización que definen al siglo XX venezolano.
*Notas a pie de página
Muchas de estas experiencias han sido estudiadas por Mirla Alcibíades, en La heroica aventura de construir una república. Familia-nación en el ochocientos venezolano (1830-1865), Caracas, Monte Ávila Editores Latinoamericana, Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, 2004. Ver también de la misma autora, «Escritoras, editoras y directoras de revistas en el siglo XIX», En: Carlos Pacheco, Luis Barrera Linares y Beatriz González Stephan, Itinerarios de la palabra escrita en la cultura venezolana. Nación y literatura, Caracas, Fundación Bigott. Editorial Equinoccio, Banesco, 2006 291-303. En el campo de la literatura puede verse Luz Marina Rivas, «Ellas tomaron la palabra. Un siglo y algo más de las narradoras venezolanas», Revista de Estudios de la Mujer, N° 21, Caracas, 2003: 17-30.
Un completo análisis sobre la participación de las mujeres en la Semana del Estudiante es el que realiza Magally Huggins en Las mujeres y sus luchas por los derechos políticos en Venezuela (Primera mitad del siglo XX), Trabajo para optar al grado de doctora en Estudios del Desarrollo, Universidad Central de Venezuela, Cendes, 2013. En relación con los sucesos de 1928 son importantes las puntualizaciones que hace Manuel Caballero respecto a su relevancia histórica por su condición civil, desarmada, urbana y colectiva y por lo que ello representó como «invención de la política». Manuel Caballero, Las crisis de la Venezuela contemporánea (1903-1992), Caracas, Alfadil Ediciones, 2004: 61-76.
«Programa de la Agrupación Cultural Femenina», Ahora, Caracas, 18 de marzo de 1936.
«Mensaje de mujeres venezolanas al general Eleazar López Contreras», Nos-otras, 30 de diciembre de 1935, Caracas, febrero 1936: 27.
Petición de las mujeres venezolanas, Caracas, 14 de septiembre de 1937, Boletín de la Comisión Codificadora Nacional, Nº 9, Año I, Caracas, octubre 1937: 44-45.
Los análisis adelantados por las organizaciones de mujeres en la primera década del siglo XX, han estado a cargo de Carmen Clemente Travieso, Las luchas de la mujer venezolana, Caracas, Agrupación Cultural Femenina, 1975. Ver también la tesis de Magally Huggins, Las mujeres y sus luchas…, op. cit., y de la misma autora «Re-escribiendo la historia: Las venezolanas y sus luchas por los derechos políticos», Revista Venezolana de Estudios de la Mujer, N° 34, Caracas, 201 (1-16) 2010; Inés Quintero, «Itinerarios de la mujer o el 50% que se hizo mitad». En: Asdrúbal Baptista (Coord.), Venezuela siglo XX. Visiones y testimonios, Tomo I, Caracas, Fundación Empresas Polar, 2000: 246-271, y de la misma autora, «Madres y ciudadanas (la lucha por el sufragio femenino en Venezuela)», Caracas, Cuadernos del Cendes, N° 46, 2001: 53-71.
No son muchos los estudios que se han producido sobre el feminismo en Venezuela. Pueden verse la tesis de Luzzi Paz, Condición femenina y feminismo en la Venezuela de los años sesenta, Caracas, Escuela de Historia, Universidad Central de Venezuela, 1984, y los textos: Gioconda Espina y Cathy Rakowski, «¿Movimiento de mujeres o mujeres en movimiento? El caso Venezuela», Caracas, Cuadernos del Cendes, N° 49, 2002: 1-12; Gioconda Espina, «Las feministas de aquí». En: Inés Quintero, Las mujeres de Venezuela. Historia mínima, Caracas, Fundación de los Trabajadores Petroleros y Petroquímicos de Venezuela, 2003: 199-223. Más recientemente, el trabajo de Luis Delgado, La lucha histórica de las mujeres venezolanas por su reivindicación política y social (1936-2000), Tesis para optar al grado de magíster en Historia, Universidad de Carabobo, 2015.
Sobre las instancias gubernamentales y las leyes referidas a las mujeres puede verse Rosa del Olmo, «La mujer venezolana y la cuestión legal». En: Inés Quintero, Las mujeres de Venezuela. Historia mínima, op. cit., 27-58.
Sobre la categoría de género véase Joan Scott, «El género: una categoría útil para el análisis histórico». En: Marta Lamas (Comp.), El género: la construcción social de la diferencia sexual, México, Programa Universitario de Estudios de Género, 1996: 265-302. Sobre la incorporación de esa definición en Venezuela puede verse Alba Carosio, «El saber de las mujeres. Los estudios de género y de las mujeres en Venezuela». En: La academia en sintonía de género. Una discusión impostergable, Valencia, Universidad de Carabobo, Asociación de Profesores de la Universidad de Carabobo, 2010: 15-30.







