El primer libro del fondo editorial de la FCU fue publicado en 2001, bajo el cuidado de Rafael Arráiz Lucca y Edgardo Mondolfi Gudat
POR: Fundación para la Cultura Urbana
Para conocer la historia de nuestro país debemos saber los textos que la han venido contando y retratando, textos que han sido claves en los momentos más importantes de nuestro tiempo, que marcan un antes y un después, que forjaron la personalidad de nuestra idiosincrasia. Todo esto para tener una perspectiva amplia de cómo ha sido nuestro pasado y cómo se concatena con nuestro presente.
Rafael Arráiz Lucca y Edgardo Mondolfi Gudat entendieron muy bien esto y por eso decidieron inaugurar el fondo editorial de la Fundación para la Cultura Urbana, coordinando y ensamblando un libro que fuese pilar de ese concepto y que fuese la cara de una colección ecléctica y singular.
Textos fundamentales de Venezuela es una recopilación de los grandes documentos históricos que se han escrito en nuestro país, que va desde la «Proclama de 1801», escrita por Francisco de Miranda, pasando por el «Discurso de Angostura», de Simón Bolívar, las «Ideas y necesidades», de Fermín Toro, hasta llegar al siglo XX donde podemos resaltar lo escrito por pensadores como Mariano Picón Salas, Arturo Uslar Pietri o Rómulo Betancourt.
En el prólogo a la primera edición, Arráiz Lucca comenta que el germen del libro nace de la cátedra que impartía en ese momento que llevaba por nombre Comprensión de Venezuela, en la que se estudiaban catorce textos (incluidos en este libro), y que se multiplicaron con la contribución de Mondolfi Gudat. De este ejercicio de lectura, compilación y análisis, Arráiz Lucca aseguró que «el conocimiento de la dinámica intelectual del pasado ayuda a comprender el presente».
Los textos de nuestros próceres que buscaban la Independencia
Por ejemplo, el famoso discurso pronunciado en Angostura por Bolívar en 1819 tiene una importancia transcendental en este libro porque es en este documento en el que el Libertador cuestiona fuertemente la poca educación política de los ciudadanos y hace un llamado la creación de una estructura política integrada por un poder ejecutivo, uno legislativo, uno judicial, pero agregando la creación de un poder moral, que se encargaría de la educación y del cuidado de los valores morales de los ciudadanos.
Más adelante, en el texto de Cecilio Acosta, «Lo que debe entenderse como pueblo», que data de 1847, podemos dilucidar el momento álgido dentro de la política venezolana y la fuerte crítica que Acosta hace del Gobierno y el desempeño y corrupción dentro de los partidos políticos: «Vergüenza nos da hoy, lo confesamos, que la posteridad haya de ver un día tanta miseria, tanta debilidad en los unos para sufrir, tanto descaro en los otros para buscar males aun en aquellas cosas que debieran ser sujeto de burla y risas, más que motivo de terror. ¿A qué de pasiones nos ha dado margen, a qué de intereses no ha exaltado, cuántos planes negros e inocuos nos ha promovido la mala inteligencia del vocablo pueblo?».
¿Y qué puede decir un texto del siglo XX que ya no se haya dicho?
Uno de los grandes pensadores de nuestro país fue Mariano Picón Salas. Como muy pocos, pudo decodificar la idiosincrasia venezolana y ensayar sobre ella abiertamente. Es por esto que «Comprensión de Venezuela», ese texto que en principio pertenece a su libro Suma de Venezuela, fue escogido para este tomo por su elegancia y su manera simbólica de hablar de nuestra geografía como ese gran recurso que poseemos, la migración europea como un suceso positivo y esperanzador en un país en crecimiento y cómo la educación del pueblo y nuestros líderes era el único camino para convertirnos en una gran nación.
Otro de los discursos recopilados aquí hace un recorrido por todo el proceso político económico vinculado al petróleo y cómo este bien transformó de manera definitiva la forma en la que Venezuela que conocemos. Con sus luces y sus sombras. «Venezolanización del petróleo», de Rómulo Betancourt, es un recorrido la historia petrolera, pero también un llamado al buen uso del recurso más preciado que tiene el país y dando un voto de fe al Estado por la ley que nacionalizaba el hidrocarburo.
Es así como estos documentos transcendentales que han atravesado la historia de nuestro país se convierten en un faro permanente para poder entender lo que somos en la actualidad y nos iluminan para no repetir los errores cometidos por otros en nombre de la patria (o de los intereses personales), o como diría uno de sus compiladores: «Es un aporte de venezolanos interpelados por la fragilidad nacional y por la construcción de un futuro menos áspero».
Fundación para la Cultura Urbana
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