Poética del humo

La obra, subtitulada como una «antología impersonal», busca experimentar con la microficción, la poesía y el ensayo

POR: Fundación para la Cultura Urbana

La poética del humo reside en su movimiento perpetuo,

movimiento imposible que se extiende en el mundo

hasta desvanecerse.

 

La brevedad es un universo que habita en un grano de arena. Su fuerza es inconmensurable, precisa, sin rodeos. Va siempre al nervio de la historia, de lo que quiere ser contado. Podría pensarse que es mucho más sencilla de lograr y de trabajar, pero su complejidad radica es su necesidad de dar con la imagen en pocas palabras. Wilfredo Machado lo sabe y lo convierte en la premisa de su Poética del humo, libro ganador del Premio Anual Transgenérico 2003 y que cumple 15 años de su publicación.

El humo como metáfora de cómo funcionan (o deberían funcionar) las palabras dentro de un texto: sinuosas, difíciles de asir, pero siempre en movimiento para permitir descifrar ese sentido que las acompaña. En una primera instancia, nos encontramos con un libro lúdico, lleno de humor, de historias satíricas: un «te quiero» no correspondido con giro telepático, un mago desaparece el cadáver de un niño atropellado frente a un grupo de incrédulos transeúntes, un golpe militar que deja un sembradío de cadáveres que no florecen, una Rapunzel harta de su propósito.

Machado sabe que, para que cada uno de estos textos puedan lograr lograr su cometido y no perderse en lo inmediato y la fácil resolución, debe construir un artefacto dinámico, filoso, capaz de crear un efecto movilizador en el lector, para que este siempre esté a la expectativa del giro que oculta lo breve. Él mismo lo dice en uno de sus textos: «Escribir como quien se afeita cuidadosamente con una navaja».

Pero Wilfredo Machado no solo propone microrrelatos de ficción en este libro, su lenguaje pendula entre la prosa poética, el poema en prosa y el soneto, abriendo el espectro al microensayo, el aforismo y al poema que, si bien parecen no guardar una relación aparente, en una visión panorámica podemos descifrar el hilo que los conecta. Una delgada línea que el lector podrá apreciar en estilo del autor.

Pero como dije al principio, Machado busca la imagen que le permita ver más allá, que cambie las cosas de lugar, porque, como él mismo autor dice, «toda imagen es una herida». Es por esto que, a pesar de ser un amante del lenguaje, se aleja de la figura canónica del escritor como algo sagrado y luminoso, que se encuentra con las palabras como si de una epifanía se tratara. Quizás por eso dice en uno de sus aforismos: «La escritura como algo luminoso. Pero la claridad no nos deja ver lo que queremos. La claridad solo nos enceguece. Tal vez por eso escribamos desde la oscuridad».

Es así como nos encontramos, a 15 años de su publicación, con un libro que ha sabido envejecer y crecer para nuevos lectores, un libro audaz y atrevido, de un autor que no temió experimentar y hacer de lo breve algo grande.

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