«Aún a tiempo»

La Fundación para la Cultura Urbana celebra el Día del Libro con la publicación de los ensayos de su presidente vitalicio, el poeta Rafael Cadenas

POR: Alberto Sáez

La escritura tiene un tiempo. Ese tiempo hace que aquello que escribimos pueda tomar forma, que se cueza mientras esté en el silencio de las gavetas (esa suerte de olvido) y, poco a poco, logre convertirse en eso que buscaba ser. A veces pasan años. Muchos años. Demasiados, dirían algunos. En ese largo camino, algunas palabras se perderán en ese olvido, pero otras (las salvadas) sabrán cuándo será el momento, sabrán que la paciencia hace a la imagen y, una vez dada con ella, se revelarán para encontrarse con sus lectores.

Rafael Cadenas lo sabe muy bien y es por eso que su poesía está marcada por la calma, la mesura, y su prosa no iba a ser la excepción. Aún a tiempo, su último libro de ensayos, publicado por la Fundación para la Cultura Urbana, está constituido por un grupo de textos que han tenido que soportar el paso del tiempo y la rigurosidad de su autor para poder ver la luz.

Construido en cuatro grandes bloques, podemos apreciar en cada uno de los apartados sus lecturas (Pessoa, Rilke, Ossott, Montejo, Padrón), su interés por la filosofía, su compresión de la poesía y su vínculo con la literatura venezolana y sus coterráneos. En palabras de Diajanida Hernández, prologuista y editora del libro, «en clave de prosa, podemos acercarnos, de otra forma, a la poética de su obra y su labor como profesor de literatura».

En el ensayo llamado «Sobre el libro» se presenta el Cadenas educador, con una gran preocupación sobre el empobrecimiento del lenguaje y la necesidad de entender que la literatura educa nuestras emociones y nos ayuda al desarrollo de la sensibilidad. Pero también ese mismo maestro nos muestra el camino a los lectores para entender cómo enfrentar la literatura para poder hacer de la lectura algo ameno: «Es mejor comenzar por los modernos. El lenguaje de los clásicos tiene un encanto distinto y lejano, pero ofrece dificultades al lector inicial. Pero no me tomen al pie de la letra. En esto, la última palabra la tiene el lector».

En «Filosofía y poesía» abre un debate y una profunda reflexión entre las diferencias y encuentros que pueden existir entre el oficio poético y el del filósofo. Partiendo de la premisa de que uno nace del concepto y el discurso, y el otro se basa en la búsqueda de la forma y la imagen, apelando a su sensorialidad. «La poesía es connotativa, sensorial, expresiva, polisémica, personal, si bien este rasgo puede incluir lo impersonal. Un poema no puede resumirse ni parafrasearse, e incluso su traducción pasa a ser como otro objeto verbal, los sonidos ya no son los mismos y suele adolecer de imposibilidades. A veces puede convertirse en canción. Uno puede contar un relato, una novela, una pieza de teatro, pero no un poema: tiene que decirlo o leerlo».

A pesar de haber pasado su vida entera estudiando la lengua, cuando se propone hacer tributo a ella en «Un homenaje a la poesía», a modo de confesión revela que, a pesar de haber escrito un libro en defensa de nuestro idioma, le faltan a veces las palabras: «Les gusta dejarme solo. Seguramente, pienso, me cobran los años de abandono en que las tuve por buscar sin ellas, codiciosamente, la realidad». Aquí es cuando nos encontramos con la humildad de alguien que entiende que frente la tempestad de las palabras siempre seremos seres indefensos e incapaces de domar por completo su naturaleza.

Y, para cerrar con broche de oro un libro de temas y criterios tan diversos, en el último bloque encontramos los discursos dados en sus honoris causa y al recibir los premios FIL de Literatura en Lenguas Romances, el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes, el más alto honor que se puede dar en lengua española a un escritor.

En este libro podemos ver a un Rafael Cadenas lector, apasionado y crítico, siempre interpelando la obra que tiene en frente, siempre curioso porque «cuando el pensamiento ve su límite aparece una apertura hacia lo indecible». Pero también un hombre preocupado por el estado de la cultura, de su país y del momento que le tocó vivir, capaz de levantar la voz en los momentos importantes para darnos a entender que no hay patria sin lenguaje.

Tiempo al tiempo. Tiempo al texto. Es lo que nos pide el poeta. Lo demás, puede quedarse en el olvido.

Alberto Sáez
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